En Dinamarca crecen las aplicaciones para boicotear marcas estadounidenses
Según un artículo publicado en el medio español El Salto, el aumento de las tensiones políticas entre Estados Unidos y Dinamarca —por las declaraciones de Donald Trump sobre la intención de anexionar Groenlandia a los Estados Unidos— impulsó la popularidad de aplicaciones móviles que permiten identificar y evitar productos de origen estadounidense en supermercados y comercios.
Nuestro consumo también es una forma de acción política. Bajo esa premisa, miles de ciudadanos daneses comenzaron a boicotear productos de origen estadounidense como respuesta a la escalada de tensiones con Washington. Tras las reiteradas amenazas del presidente Donald Trump sobre una posible anexión de Groenlandia —territorio autónomo bajo soberanía danesa—, las descargas de aplicaciones móviles destinadas a identificar y evitar marcas estadounidenses se dispararon en el país nórdico.
La reacción, en gran medida espontánea, trasladó el conflicto geopolítico al terreno de las decisiones cotidianas. A través de sus compras, numerosos consumidores en Dinamarca optaron por expresar rechazo a la política exterior estadounidense y a lo que perciben como una ofensiva imperial y comercial desde la Casa Blanca.
En ese contexto, aplicaciones como Made O’Meter y NonUSA (UdenUSA en danés) escalaron rápidamente en los rankings de descargas de las tiendas digitales de Apple y Google, ubicándose entre las más instaladas del país. Estas herramientas permiten escanear códigos de barras para conocer el origen empresarial y geográfico de los productos, alertando al usuario cuando se trata de marcas estadounidenses y, en algunos casos, sugiriendo alternativas producidas en Europa u otros mercados.
De acuerdo con sus desarrolladores, el objetivo de estas aplicaciones es reforzar el poder de decisión del consumidor y fomentar una mayor autosuficiencia económica, permitiendo evitar —mediante el consumo cotidiano— el apoyo a políticas que consideran agresivas o desestabilizadoras.
El fenómeno se inscribe en una tendencia más amplia de politización del consumo, en la que las decisiones de compra funcionan como una forma de protesta simbólica frente a conflictos internacionales. Si bien especialistas advierten que el impacto económico directo de estos boicots puede ser limitado, el auge de estas aplicaciones refleja un cambio en la manera en que sectores de la ciudadanía trasladan tensiones diplomáticas y comerciales a la vida cotidiana.
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