Davos también alerta por la desinformación como riesgo global
La desinformación ya no figura en los informes internacionales como un daño colateral de las redes sociales, sino como un riesgo estructural que atraviesa el funcionamiento mismo de las sociedades contemporáneas. Así lo plantea el Global Risks Report 2026, elaborado por el Foro Económico Mundial y presentado como documento de referencia para el encuentro anual de líderes políticos, empresariales y sociales que se realiza cada año en la ciudad suiza de Davos.
El documento señala que la integridad de la información se encuentra bajo una presión creciente. En un entorno saturado de contenidos, distinguir entre lo verdadero y lo falso resulta cada vez más difícil, incluso para audiencias informadas. La expansión de plataformas digitales y la velocidad de circulación de mensajes han reducido las barreras para producir y difundir narrativas engañosas, que muchas veces alcanzan mayor visibilidad que la información verificada.
Este deterioro informativo no es solo tecnológico, sino también institucional. Según el informe, la desinformación erosiona la confianza en gobiernos, medios de comunicación, academia y sistemas democráticos. A medida que se debilita la credibilidad de las fuentes tradicionales, crece el escepticismo ciudadano y se fragmenta el espacio público. El resultado es un clima de sospecha permanente que dificulta la construcción de consensos y debilita las respuestas colectivas frente a crisis complejas.
La integridad de la información se convirtió en un problema estructural.»
El Foro advierte que la desinformación dejó de ser un fenómeno marginal del ecosistema digital para transformarse en un riesgo global capaz de profundizar la polarización social y socavar la legitimidad de instituciones políticas, científicas y mediáticas.
El impacto político es uno de los ejes centrales del análisis. El informe destaca que la desinformación puede influir en procesos electorales, exacerbar tensiones sociales y ser utilizada como herramienta estratégica por actores estatales y no estatales. En contextos de alta polarización o fragilidad institucional, estas campañas pueden inclinar debates públicos, deslegitimar adversarios y debilitar la confianza en las reglas del juego democrático.
A este escenario se suma un factor que redefine la escala del problema: el avance de la inteligencia artificial generativa. El reporte observa que herramientas capaces de producir imágenes, audios y videos falsos con alto grado de realismo —los llamados deepfakes— están elevando el nivel de sofisticación de la desinformación y reduciendo aún más la capacidad de detección del público general.
La inteligencia artificial redefine el problema de la información falsa.»
La proliferación de deepfakes amenaza con vaciar de sentido la evidencia visual y sonora. Cuando cualquier imagen o grabación puede ser puesta en duda, no solo se cuestiona un contenido puntual, sino que se erosiona la confianza en todo el sistema informativo.
Asimismo, el informe subraya que este fenómeno tiene un efecto corrosivo más amplio: la duda permanente puede derivar en una forma de parálisis cívica. Si nada es confiable, todo puede ser descartado. En ese contexto, la desinformación no solo engaña, sino que desactiva la posibilidad de un debate público informado y reduce la capacidad de las sociedades para reaccionar ante emergencias sanitarias, climáticas o políticas.
Por eso, el Foro Económico Mundial define a la desinformación como un riesgo multiplicador. No actúa de manera aislada, sino que amplifica otros peligros globales, desde conflictos geopolíticos hasta crisis económicas o ambientales, al distorsionar la percepción pública y obstaculizar respuestas coordinadas.
Lejos de ofrecer soluciones simples, el informe plantea el desafío como estructural y de largo plazo. Regulación de plataformas, fortalecimiento del periodismo, alfabetización digital y desarrollo de herramientas tecnológicas de detección aparecen como respuestas necesarias, aunque insuficientes por sí solas. El problema de fondo, sugiere el documento, no es únicamente cómo frenar la desinformación, sino cómo reconstruir confianza en un mundo donde ver ya no garantiza creer.
The Global Risks Report 2026

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