El declive discursivo en X y el auge de Instagram: un nuevo liderazgo digital
En su habitual columna semanal de Monitor Digital, Diego Corbalán analiza cómo el liderazgo político argentino se desvanece en X y se rehace con narrativa visual en Instagram.
En los últimos meses, la dirigencia política argentina atraviesa una transformación significativa: mientras el crecimiento de seguidores en X (antes Twitter) se ralentiza, en Instagram se consolida una lógica distinta, más ligada a lo visual que a lo discursivo. Según un análisis reciente de Monitor Digital, la curva de captación de nuevos seguidores en X se aplana, dejando en evidencia una fatiga incluso entre los más activos en el debate político.
Durante los primeros meses del gobierno de Javier Milei hubo picos destacados en X, especialmente entre los libertarios más visibles. Pero a partir del segundo trimestre de 2024, esa energía frenética perdió ritmo. Los picos ahora solo se activan ante conflictos intensos y episodios de alta tensión.
En este contexto, Instagram no es una réplica pasiva: es el nuevo terreno donde se construye una presencia política sostenida y narrativa. A diferencia de X, donde la conversación se intensifica con los escándalos, en Instagram la clave es la constancia visual. Allí triunfan quienes saben contar una historia de gestión, cercanía o territorio con reels, stories y carruseles.

Algunos dirigentes lo han entendido bien. Milei mantiene un crecimiento estable gracias a su exposición en actos, transmisiones y clips con alto impacto escénico. Por su parte, figuras como Máximo Kirchner, José Luis Espert y Lilia Lemoine aprovechan su estética visual para narrar no solo su política sino su persona.
En cambio, quienes no lograron adaptar su discurso al nuevo lenguaje visual han sufrido caídas: sin storytelling coherente, sus curvas de seguidores en Instagram se desploman.
Este fenómeno no es solo un cambio táctico, sino un viraje cultural profundo. El «círculo rojo» —periodistas, empresarios, opinadores intensivos— ya no necesariamente debe seguir a los dirigentes para comentarlos. La atención se fragmenta hacia creadores de contenido político, influenciadores temáticos y voceros sectoriales.
Por qué está pasando
La hegemonía de la imagen: en Instagram, la estética emocional vale más que el argumento. Bastan gestos, escenarios y símbolos reconocibles para construir autoridad.
El desgaste de lo textual: X, con su formato de hilos y debates, exige tiempo y atención; la saturación es cada vez mayor.
La personalización política: Los políticos se muestran en lo cotidiano, en lo íntimo, y ganan así cercanía.
Algoritmos emocionales: Instagram premia la imagen que genera reacciones prolongadas: me gusta, guardar, compartir.
Cambio generacional: audiencias más jóvenes se informan visualmente y se conectan con líderes como si fueran influencers.
Implicancias
Este realineamiento marca una nueva forma de liderazgo digital: ya no basta con hablar bien, hay que mostrarse bien. El capital simbólico del poder se construye en fotogramas, no solo en discursos.
Se trata de una política cada vez más performática: el acto de gobernar no solo se hace, se representa. Los likes reemplazan los aplausos; los reels, al discurso tradicional. En este nuevo régimen, los líderes que mejor dominen el lenguaje visual serán los que perduren.
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