La inteligencia artificial, la tecnociencia y la cultura humanista

El modelo de Silicon Valley es acelerar el proceso de modernización del sector salud o la industria de la salud como la denominan mediante la digitalización de sus procesos, sus prácticas y sus servicios. El nuevo orden médico está basado en la aplicación de los modelos de ciencia de datos basados en algoritmos que construyen las bases predictivas de la verdad hipocrática.

Ya hicimos un mapa del mundo. Ahora, hacemos un mapa de la salud humana. Alphabet Inc

Nunca antes se tuvo condiciones para penetrar en los seres humanos como ahora, pues se carecía de conocimientos sobre las cadenas de datos relacionadas con los procesos orgánicos y no se disponía del arsenal de dispositivos basados en tecnologías digitales aplicados a la salud humana. Es en el campo de la medicina donde esperamos que se produzcan los grandes impactos y beneficios de la inteligencia artificial (IA), junto con los dispositivos de la internet de las cosas (IoT).

Se da por hecho, ya que las gigantes tecnológicos (big tech) conocidos como Gafam (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) y la tecnociencia construyeron un consenso global de que la IA debería permitir a la investigación médica franquear los límites actuales del conocimiento y la práctica en salud de las personas.

La tecnociencia ha transformado la estructura de la práctica científico-tecnológica en todas sus dimensiones y ha incorporado nuevos valores a la actividad científica. Obviamente, la tecnociencia produce un conocimiento instrumental asociado a los intereses de quienes financian los proyectos de nuevas innovaciones, investigaciones y desarrollos.

El modelo Silicon Valley es acelerar el proceso de modernización del sector salud o la industria de la salud como la denominan mediante la digitalización de sus procesos, sus prácticas y sus servicios. El nuevo sistema médico surge de la aplicación de los modelos de ciencia de datos basados en algoritmos que construyen las bases predictivas de la verdad hipocrática.

A partir de 1990 la introducción progresiva de instrumentos digitales en la oftalmología, cardiología y radiología y de sistemas de información para el registro de la practica medicas alimentaron los primeros servidores de almacenamiento de datos de salud. Luego se sumaron los laboratorios y demás especialidades médicas. Con Internet, el aumento en los anchos de banda y el crecimiento en la capacidad de almacenamiento de los servidores hizo crecer de manera exponencial el flujo de estos datos dando lugar a un análisis de datos cada vez más sofisticado y caudaloso que demanda herramientas basadas en software y procesamiento de alta velocidad para trabajar los macrodatos o inteligencia de datos (big data) del sector salud.

Los sistema de información de salud

A mediados de los 90, la histórica IBM basó su estrategia en el sistema de información médica Watson, en referencia a John Watson, psicólogo conductista estadounidense. Estos sistemas catalogados como Sistema de Información de Salud (Health Information System  o HIS) tienen el objetivo de integrar toda la información médica que se produce en las instituciones de salud.

Watson es una plataforma de software cuyo objetivo es recolectar los datos operativos del hacer médico para luego poder diagnosticar y relacionar las patologías con su base de conocimiento (base de datos) que se incrementa de manera constante. En el nivel operativo de la organización de salud, el médico registra las transacciones que alimentan la historia clínica de las personas y la evolución del tratamiento según el diagnóstico emitido. Además, Watson relaciona el diagnóstico con artículos académicos científicos para el consumo del profesional a modo de ampliar su base de referencias. La función, un tanto perturbadora, es que esta plataforma construye o adelanta diagnósticos preventivos. A partir de datos del nivel operativo, más las relaciones encontradas en bases de conocimiento con patologías similares, Watson configura el diagnóstico, lo que aparece como una nueva competencia para el médico humano.

El nuevo sistema médico surge de la aplicación de los modelos de ciencia de datos basados en algoritmos que construyen las bases predictivas de la verdad hipocrática.

Lo que caracteriza a estos sistemas con procesos automatizados es que no son producidos en el ámbito médico sino por los actores de la industria digital que empuja el modelo tecnoliberal. Y son estas empresas las que desarrollan equipamiento, protocolos y aplicaciones para que sean incorporadas en centros de salud y de cuidados terapéuticos. Este modelo produce un desencuentro entre los mundos técnico, económico y el de salud, donde el segundo es un testigo de cómo el primero impone sus innovaciones con los beneficios económicos asociados.

Corporaciones como Alphabet (Google), Microsoft o Amazon disponen de varios tableros y territorios digitales que les permiten concentrar y analizar conjuntos de datos por especialidad médica de modo de construir una cartografía digital humana.

Vetily es la organización de investigación de Alphabet dedicada al estudio de las ciencias de la vida. Vetily desarrolla investigaciones en sistemas de biología, nanotecnología e ingeniería de sistemas biomédicos con aplicaciones potenciales para inmuno-oncología y otras áreas. Integran capacidades experimentales con la biología computacional para respaldar la generación y el análisis de datos en nuestros programas clínicos.

Microsoft, por su parte, acercó Surface a los profesionales de la salud.

Apple también juega en la misma liga. Sus dispositivos cuentan con múltiples posibilidades, ya sea mediante aplicaciones o complementos, para obtener datos relevantes para el monitoreo de la salud personal.

Amazon tiene un importante arsenal de herramientas de analítica de datos, su prioridad es Alexa, el asistente de inteligencia artificial para profesionales y pacientes hospitalizados. Además, la multinacional, con su plataforma de comercio y distribución, comienza a operar cadenas de productos y bienes médicos.

El proyecto Baseline de la división científica de Alphabet, analizará la genética, el estilo de vida y otros factores que influyen en la salud. Con el apoyo de las universidades de Stanford y Duke, y en conjunto con diez mil voluntarios, trabajarán para producir mediante la ciencia de datos un catálogo de las enfermedades con el tarifario correspondiente para cada tratamiento. La captura de datos se realiza mediante dispositivos y análisis clínicos. Los dispositivos son el reloj pulsera que supervisa factores como el ritmo cardíaco y el nivel de actividad en forma pasiva y un sensor que supervisa los hábitos de sueño en forma pasiva. Se suma un pequeño dispositivo central que sirve para cargar los otros dispositivos y enviar sus datos de manera confidencial a una base de datos segura y encriptada propiedad de Alphabet.

Los gigantes digitales, la tecnociencia y el poder comunicacional potencian el desarrollo y aplicación de los macrodatos a escala global. Y cuando logren jaquear el sistema operativo humano no solo podrán predecir nuestras decisiones, sino también manipular nuestros sentimientos. La inteligencia artificial es la nave insignia de la redefinición digital de la vida orgánica.

La industria de los datos esta motorizada por la confiscación de los procesos médicos administrados eficientemente por sistemas autónomos del personal de salud. Esta aparente eficacia impone la verticalidad de una verdad objetiva de las experiencias y recomendaciones expresadas por enunciados prescriptivos superiormente calificados. Esta verdad instalada elimina la pluralidad profesional capaces de formular juicios sobre la base de saberes y experiencias médicas humanas.

La inteligencia artificial es la nave insignia de la redefinición digital de la vida orgánica.

Forward, un nuevo tipo de empresa emergente (startup) médica se ha mudado a San Francisco (California) y es un lugar muy diferente. Todo es futurista y se parece más a una tienda de Apple que a un consultorio médico. Según el fundador de Forward, Adrian Aoun, este es el porvenir de la medicina.

La concepción del centro médico del futuro fue desarrollada por Aoun junto con Eric Frey, empleado de Alphabet y cofundador de Forward, y un directivo de Uber, Ilya Abyzov. El centro médico del futuro tiene más de 3500 metros cuadrados con seis salas de examen equipadas con pantallas interactivas y dos escáneres corporales que recopilan datos de salud por medio de sensores portátiles. Hay máquinas para hacer ejercicio físico conectadas con el área de espera y sueros para la piel. Los pacientes se sientan en una mesa de vidrio junto a un escáner corporal, de aspecto obviamente futurista, que toma sus signos vitales: altura, peso, presión arterial y temperatura simplemente colocando dos dedos en un sensor. «Diseñe su salud», es el eslogan de Forward, donde el paciente puede tener más control de su salud y atención médica.

Una empresa emergente como esta demandó la ayuda de muchos inversores. Su fundador no ha revelado exactamente cuánto ha recibido en fondos de capital riesgo, pero ha dicho que Forward ha recurrido a algunos inversores muy conocidos para fondos de inversión.

«Todos los datos se introducen a una base de datos de inteligencia artificial de la clínica Forward. Estos datos son enviados al médico y al paciente gracias a una aplicación que pueden descargar a sus dispositivos móviles», comentó Erik Frey.

Si bien la tecnología digital aporta una herramienta central para el diagnóstico y tratamiento médico, la infraestructura de los procesos en salud está controlada por la industria que luego concentra los datos para su posterior explotación. El sistema de salud ocupa un rol de usuario o cliente de estos recursos o servicios.

Datos, algoritmos y política

«La temática de lo sensible y de su expresión es una cuestión política fundamental», dice Éric Sadin.

Muchas generaciones han nacido en este período tecno-liberal: los nativos digitales, desde los millennials (anglicismo con el que se alude a los nacidos en las dos últimas décadas del siglo veinte), los centennials (otro anglicismo que se usa para referirse a los personas nacidas aproximadamente entre mediados de la década de los noventa del siglo veinte y la primera década del siglo veintiuno, quienes se caracterizan por ser nativos digitales), hasta la generación T (los nacidos desde 2010 hasta la actualidad) tienen en común la existencia a través de las pantallas. En el caso de la generación T se trata de niños que conocen el mundo pero por medio de una pantalla digital tactil.

Los que somos migrantes desde lo analógico hemos adaptado nuestras costumbres al imperio del consumo digital, convencidos de que se trata de un punto sin retorno en el curso de la historia. Este trayecto, nos pone ante la encrucijada de la realidad humana frente a la realidad ­digital, una relación que reclama un arbitraje crítico acerca del uso de los datos que hacen los gigantes tecnológicos y sus plataformas de software, como la IA, que reconfiguran en el territorio digital la conducta de nuestras vidas.

Si bien la tecnología digital aporta una herramienta central para el diagnóstico y tratamiento médico, la infraestructura de los procesos en salud está controlada por la industria que luego concentra los datos para su posterior explotación.

El arbitraje crítico y la mediación Estado–Pueblo, exige una voluntad política para considerar los datos como una de las riquezas de mayor potencialidad en el presente y futuro de la humanidad y, por supuesto, también un conocimiento público del papel que ejercen los algoritmos y las computadoras que procesan los métodos de la inteligencia artificial.  

El modelo Silicon Valley ha instalado desde 1970 la idea de que la tecnología tiene que ser inmediatamente escalable. Es una forma de innovar orientada a ganar dinero muy pronto y muy rápido que ha convertido la Internet en una plataforma de negocios consolidada en los gigantes y a la investigación científica y tecnológica dependiente de quienes la financian.

El mundo según el imperio del algoritmo es un juego de múltiples posibilidades en relación con el sentido de los datos que nutren los procesos computacionales. Una de estas posibilidades es la libre elección humana como fundamento de una manipulación tecno-liberal que convierte a las personas en un miembro social acrítico.

Los programas elaborados mediante aprendizaje automático —uno de los métodos de la inteligencia artificial— están dando pasos sorprendentes, detectando características nunca antes descubiertas en imágenes médicas, en el sector agroquímico y alimentación, realizando operaciones inteligentes en el mercado financiero.

Los científicos de Bayer/Monsanto confían en el poder del supercómputo y la inteligencia artificial para rastrear qué genes están activos durante el desarrollo de una semilla de soja con el fin de diseñar nuevas variedades. Modelan formulaciones agroquímicas con una toxicidad adecuada que permita combatir las supermalezas, las malas hierbas resistentes a la acción de herbicidas.

El control corporativo y tecnocientífico sobre la reproducción de la naturaleza, la deforestación y la agricultura industrial e intensiva altera profundamente la relación entre lo humano y lo no humano. La alteración de los ecosistemas está ciertamente en la raíz de los ciclos ya establecidos de los nuevos virus.

«El monopolio de la agricultura es estratégico para el capital y mortal para la humanidad y el planeta», sostiene el sociólogo italiano Lazzarato. Para Rob Wallace, autor de Big Farms Make Big Flu, (Las grandes granjas generan una gran gripe) el aumento de la incidencia de los virus está estrechamente vinculado al modelo industrial de la agricultura (y en particular de la producción ganadera) y a los beneficios de las multinacionales.

La encrucijada de la realidad humana frente a la realidad ­digital reclama un arbitraje crítico acerca del uso de los datos que hacen los gigantes tecnológicos y sus plataformas de software, como la IA, que reconfiguran en el territorio digital la conducta de nuestras vidas.

El proyecto Earth Bank of Codes (Banco de Códigos de la Tierra) coordinado por el Foro Económico Mundial (Foro de Davos) desarrolla el mapeo de activos biológicos del ecosistema Amazónico y codifica sus derechos con algoritmos de seguridad que utiliza la tecnología de Blockchain.

En un futuro cercano, las comunidades agrícolas, la industria de alimentos y los investigadores de centros y universidades internacionales tendrán que tener permisos para el uso de los activos registrados. Este desarrollo, está relacionado con un proyecto más amplio, Earth Bio Genome (Biogenoma de la Tierra), cuyo objetivo para el 2030 es secuenciar los 1,5 millones de especies de plantas, animales y organismos unicelulares que hay en la Tierra.

La encrucijada entre los algoritmos de la inteligencia artificial y la humanidad necesita de una mirada crítica y de decisión política de los Estados para garantizar el equilibro vital de la vida orgánica para el desarrollo de una salud sostenible. Es tiempo de discriminar los fenómenos con conciencia y de establecer que las técnicas y los procedimientos nos privan de nuestro poder de decisión. El cuerpo médico si quiere ser fiel a sus principios de salud va a tener que politizar las tecnologías digitales, la automatización y en particular la IA. Es decir, cambiar el modelo de la eficiencia de la industria por el de responsabilidad social del Estado en la salud.

A partir de la creencia que el vector de la sociedad es el individuo y no la organización política, el neoliberalismo se propuso devaluar la política y abandonar los principios comunes. El tecno-liberalismo pone en riego nuestra esencia, nuestra sensibilidad y nuestra subjetividad, es hora de despertar y transgredir. Es la hora de los pueblos.

Alfredo Moreno

Ingeniero TIC en Agentina satelital. (Arsat). Profesor TIC en la Universidad Nacional de Moreno

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